domingo, 9 de noviembre de 2008
Cartas Invisibles
Al principio fueron esquelas de compromiso, después fueron papelitos de amante furtiva, billetes perfumados de novia fugaz, memoriales de negocios, documentos de amor, y por último fueron las cartas indignas de una esposa abandonada que se inventaba enfermedades para obligarlo a volver. Una noche de buen humor se le derramó el tintero sobre la carta terminada, en vez de romperla le agregó una posdata: "En prueba de mi amor te envío mis lágrimas". En ocasiones, cansada de llorar, se burlaba de su propia locura. Seis veces cambiaron de empleada del correo, y seis veces consiguió su complicidad. Lo único que no se le ocurrió fue renunciar. Sin embargo, él parecía insensible a su delirio: era como escribirle a nadie. ♥
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